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En Mendoza ya frenaron la minería. ¿Y ahora qué?


18 de febrero de 2020

Un amplio triunfo de la movida ecologista freno el proyecto minero. El gobernador Suarez dio marcha atrás con la ley que permitía el desarrollo de la minería a cielo abierto en las laderas de los Andes. Vale la pena reflexionar sobre el impacto de esta medida en la vida de los y las mendocinas y la potencia del ecologismo para movilizar voluntades y ejercer el veto directo sobre el futuro de nuestra sociedad.


¿De donde surge el ecologismo como actor político? Como se logra articular políticamente para emerger rápidamente en distintos contextos y frenar o modificar políticas públicas?
En el caso de Mendoza, la movida arrancó con un planteo público de un intendente de uno de los departamentos de tradición vitivinícola. Comenzó a circular en las redes sociales, luego el periodismo nacional y después el periodismo provincial amplificaron el reclamo. La ley autorizaba el uso de cianuro y otros químicos y ese fue uno de los ejes de la protesta que sacudió la capital provincial, además del uso del agua.
Paralelamente, pero con menos peso mediático, se realizó una marcha a favor de la ley, con epicentro en el departamento Malargue, que ocupa el sur provincial y donde existe una antigua tradición minera.
Las protestas contra la ley en frente a la legislatura fueron muy potentes con un componente policlasista, muchos jóvenes de clase media y gente mayor coincidieron en la plaza con jóvenes de los barrios humildes de la periferia. “no al cianuro, si a la vida” era una de las consignas mas repetidas, hubo muchas piedras, corridas y balas de goma, heridos y detenidos. En las redes la actividad fue frenética. Los grupos ambientalistas multiplicaron sus voceros, la actividad asamblearia se aceleró en pueblos y ciudades, hasta su climax, que fue la derogación de la ley por el mismo gobernador que la promovió.
El gobernador Suarez es un político conservador, de una provincia conservadora. El sabía muy bien el que semejante ley iba a ser atacada por un ejército de ambientalistas, ONGs, comunicadores y gran parte de la clase media y alta mendocina. ¿Porque la impulsó? Y aquí se puede entender el peso del otro slogan que circula por la provincia pero a voces: “Mendoza se está convirtiendo en el NOA” esta sentencia suena como aceite hirviendo para los y las mendocinas. Todo el orgullo provincial es ser la cabeza de Cuyo y estar lejos de las condiciones de vida de las vecinas Catamarca y La Rioja. Las condiciones históricas que llevaron a Mendoza a una posición de primacía en la región cuyana y a una gran distancia con respecto al noroeste argentino hoy están en crisis. La industria vitivinícola lejos de poder subirse a la ola mundial del vino no encuentra manera de mejorar el perfil exportador y pierde terreno frente a sus históricos competidores y a los nuevos como California o Sudáfrica o Chile. Paralelamente sufre en el mercado interno la ola cervecera que hace 20 años viene reduciendo el consumo medio percapita de vino en forma sostenida. “nos vamos al NOA” se dicen por lo bajo en los espendidos bares de la capital. También se percibe la perdida de primacía en la región cuyo, donde tanto San Luis como San Juan vienen mostrando una mejora constante en los ingresos y otros indicadores de bienestar, especialmente San Juan donde los ingresos por minería vienen transformando esa sociedad apacible en un oasis pero de bienestar. De hecho hay fuga de cerebros de Mendoza a San Juan, en la forma de personal capacitado para áreas de la minería y servicios. Cosa que es totalmente inusual en la historia migratoria de estas provincias donde el flujo siempre fue inverso.
La semana pasada el intendente de Malargue, Juan Manuel Ojeda, junto al consejo deliberante municipal declararon oficialmente que no formaran parte de la fiesta de la vendimia 2020. Es una definición política con un peso simbólico altísimo. Lo hicieron expresamente en forma de queja por no poder cumplir con la tradición minera del Departamento. Un grito doloroso lanzado en el corazón identitario de la provincia, un grito desesperado porque saben en Malargue que el consenso ecologista es potente en la provincia y se amplifica en gran parte de la sociedad argentina.
El ecologismo se impuso en Mendoza y Malargue parece el ogro malo. Es que una de las caracteristicas del veto ecologista es la anulación de quien plantee algún matiz en el debate. Cuando el ecologismo logra plantear un tema e identificar un enemigo la lógica binaria se reproduce a sí misma como una bola de nieve que de hecho impugna la argumentación de contexto y cada intento de oponer alguna idea, el ecologismo moviliza sentimientos profundos y nobles: el agua, la tierra, el origen. En frente queda la codicia, el desarraigo y el consumo. Ocurre algo parecido al “espiral de silencio” que describiera la politóloga alemana Ann Noelle Neuman es un proceso social donde las personas prefieren callar y adherir a una causa porque plantear algún disenso les genera un coste emocional muy alto. Algo de eso ocurre con el ecologismo: Expone a las personas a un clima binario donde lo que habitualmente se debatiría como un tema de “administración” pasa a encuadrarse como un tema de “salvación”. En la teoría de la espiral de silencio se describe a un núcleo duro de oposición -los “duros de espíritu”- que a pesar de sentirse estigmatizados y aislados de la mayoría mantienen su reclamo de ser escuchados y tenidos en cuenta, este rol parece ocupar la localidad de Malargue, la fortaleza de estos “duros” es lo que susurran el resto de los mendocinos: “ecología si pero pobreza no” esa certeza y el ejemplo de los vecinos sanjuaninos anima a sostener el debate y a plantear una fuerza contra centrifuga en un caso que podría volverse paradigmático para la política argentina: que seria un debate para administrar la ecología y no solo para salvarla.
Octavio Ciaravino

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