Opinarg

“Aquí se habla inglés, esto es América”


18 de mayo de 2018

El presidente llama “animales” a los indocumentados y el cliente de un restaurante de Nueva York amenaza a los empleados por hablar español


Desde aquel día de junio del 2015 en que Donald Trump descendió por la escalera de su rascacielos en Manhattan y aireó su candidatura a la presidencia –cómo olvidar la de carcajadas que provocó el “farol”–, su ideología ha sido un continuo flip flop. Este término se utiliza en la política estadounidense para describir a aquel que dice una cosa y, al rato, todo lo contrario.

Trump es un genio en la materia. Es capaz de negar a su propio Twitter y atribuirse la razón. Pero hay un asunto en el que su narrativa mantiene una trayectoria lineal invariable. Su seña de identidad es la reivindicación del muro en la frontera sur.

Trump es un genio en la materia. Es capaz de negar a su propio Twitter y atribuirse la razón. Pero hay un asunto en el que su narrativa mantiene una trayectoria lineal invariable. Su seña de identidad es la reivindicación del muro en la frontera sur.

Lo reclamó entonces como contención a los mexicanos que se cuelan y que no son más que “asesinos, narcotraficantes o violadores”. A él le da igual ocho que ochenta. Ese lenguaje de campaña y su petición resonaron el miércoles en la Casa Blanca, investido como presidente.

“Tenemos gente que viene a este país, o lo intenta, y estamos parando y echando a muchos de ellos”, remarcó en una reunión con líderes conservadoras de California, que denuncian la protección a los indocumentados ofrecida en ese estado. Lo que se llaman las leyes refugio, que se traduce en una negativa a colaborar con las autoridades federales. “No os podéis creer lo malos que son esos tipos. No son personas, son animales y los estamos deportando a un nivel como nunca se había visto”, insistió. 

 

Trump se ve obligado a matizar a las 24 horas y dice que el calificativo “animales” sólo era para bandas como el MS 13

Su desprecio a los inmigrantes –ayer matizó que el calificativo “animales” sólo era para las bandas como el MS-13– , y la amenaza de propiciar en septiembre un cierre de gobierno si el Congreso no autoriza los más de 20.000 millones para su muro, pone contra las cuerdas a congresistas republicanos que se juegan el escaño en las legislativas de noviembre. Además, esa retórica incendiaria del presidente, que sueña con ser premio Nobel de la paz por su flip flop con el norcoreano Kim Jong Un, tiene unos daños colaterales.

Los denominados casos de odio se han multiplicado en sus 16 meses de mandato. Los nacionalistas blancos campan a sus anchas en su granja, intolerante como la literaria de George Orwell aunque sin su sátira.

Así que se producen escenas como la que ha se ha hecho viral esta semana en Nueva York. Aaron Schlossberg, abogado blanco con oficina en Manhattan, frecuentador de marchas de la ultraderecha y donante de Trump (500 dólares), protagonizó el martes una grabación que corre como la pólvora. Al escuchar en el restaurante Fresh Kitchen –en la Avenida Madison, cerca de la calle 39– que dos clientas usaban el idioma castellano con un trabajador, le salió el trumpismo:

Tus empleados hablan español a los clientes cuando deberían hacerlo en inglés, esto es América”, le gritó al encargado. “Supongo que carecen de papeles por lo que mi próxima llamada es al ICE (agentes de inmigración) para que los expulsen”. Al menos una cuarta parte de los ochos millones de residentes en Nueva York es de habla hispana.

 

El abogado reclama que solo se debería hablar en inglés en EE.UU.

Para sonrojo de los presentes. prosiguió el letrado: “Si tienen las pelotas de venir y vivir de mi dinero –yo pago por su bienestar y por su capacidad de estar aquí–, lo mínimo que pueden hacer es expresarse en inglés. Y si tú quieres llevar un negocio en Midtown, has de tener trabajadores que hablen en inglés, no español”.

El encargado del establecimiento optó por la contención. Pero los palos al leguleyo le cayeron masivamente. El alcalde Bill de Blasio tuiteó que Nueva York es una ciudad de bienvenida en la que sus residentes hablan más de 200 lenguas. Diversas organizaciones lamentaron el estereotipo de que si alguien se expresa en español es un indocumentado. 

En internet se solicitaron firmas para que se le suspenda la licencia como abogado. También se organizó una donación on line para enviarle una mariachi al edificio de sus despacho y cantarle “la cucaracha”. Han recaudado tanto que incluso se anuncia fiesta latina para este viernes.

En la web de su despacho, Schlossberg se sirve del gancho de que domina la lengua de Cervantes. Business is business, o “la pela es la pela”, que se decía..

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